
Hubo un momento en el que todos nos volvimos locos.
Yo empezaba a dar mis primeros pasos con los logos (el de la imagen fue para un concurso) por aquel entonces, mientras el diseño 2.0 llamaba a la puerta, y el iPhone llegó al mundo para cambiar las comunicaciones, las conexiones, los teléfonos, el diseño de producto y el diseño gráfico. Ahí es nada.
No es que me arrepienta, ni me avergüence, pero no me gusta mucho. No me gusta que todos nos cegamos y miramos sólo hacia California cuando creo que si en alguien nos tenemos que fijar es en los viejos dibujantes y diseñadores.
Lo creo porque a falta de grandes técnicas de ordenador y enormes fuentes de inspiración (y a veces plagio) predominaba la autenticidad, el significado y el trabajo.









