Éstas son (gracias Marina y Manu) las vistas de nuestra habitación de Buenos Aires de los últimos veinte días.
Es la Avenida Santa Fé, una calle gigante de las más importantes de Buenos Aires y que es, seguramente, la calle más veinticuatro horas que pisé nunca.
Os presento mi nueva oficina temporal: Pizza & Café Pertutti en la Avenida Santa Fé (mapa).
Todavía no tenemos casa ni conexión WiFi y el internet móvil no funciona nada bien aquí. Así que todas las mañanas vengo unas horas al Pertutti y me clavo, por 20 pesos (4€), el desayuno que véis en la foto.
Y nos hemos mudado al fin. Buenos Aires es una locura de ciudad, es un país. Un país hecho a medida de los tópicos, y no al revés. El mate, el asado, el fútbol y Maradona. Todo en uno.
Un Europeo, o un gallego, o al menos yo, veo lo mismo que en Madrid en general pero cambiando pequeños detalles que lo hacen todo distinto. Buenos Aires es grande, gigante, es un caos constante llevado con tranquilidad.
Buenos Aires es demasiado de todo como para conocerla en cinco días, así que ya hablaremos.
Nos estamos mudando y hemos puesto a la venta todos los muebles de la casa. Para venderlos, además de hacer un blog y comentárselo a la gente que conocemos, colgué un cartel en el ascensor del edificio (qué mejor que comprar los muebles en tu mismo edificio).
En la parte de abajo de la hoja hice unos cortes y creé (un clásico de las farolas) pequeñas etiquetas arrancables con mi móvil y la URL del blog.
Pues bien, en cuanto lo pegué a la pared del ascensor sentía que estaba poniendo un medidor. Era por la noche y me metí de nuevo en casa esperando ver al día siguiente el número de clics etiquetas arrancadas. Al margen de los vecinos que se interesaron (ninguno) sé que el mensaje era claro y atractivo.
Hoy estaba en una reunión de mivieja y reparé en una idea. Nos creemos que los extraterrestres son raros (obviemos que verdes también) pero, si aparece un astronauta (con su traje y todo) en otro planeta en que están viviendo lo que sería nuestra Edad Media, ¿quién es el raro?
Así que, llegué a casa y me puse a dibujarlo. Pensaba poner una frasecita muy graciosa y subirlo al blog, pero lo guardé (nunca perdí horas de trabajo por no ir guardando, eh), le puse nombre al azar y pensé “coño, ¿será éste el logo de Jacovo?”
Hubo un momento en el que todos nos volvimos locos.
Yo empezaba a dar mis primeros pasos con los logos (el de la imagen fue para un concurso) por aquel entonces, mientras el diseño 2.0 llamaba a la puerta, y el iPhone llegó al mundo para cambiar las comunicaciones, las conexiones, los teléfonos, el diseño de producto y el diseño gráfico. Ahí es nada.
No es que me arrepienta, ni me avergüence, pero no me gusta mucho. No me gusta que todos nos cegamos y miramos sólo hacia California cuando creo que si en alguien nos tenemos que fijar es en los viejos dibujantes y diseñadores.
Lo creo porque a falta de grandes técnicas de ordenador y enormes fuentes de inspiración (y a veces plagio) predominaba la autenticidad, el significado y el trabajo.